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martes, 9 de agosto de 2011

Cada 8 de Septiembre...

Cuentan los más viejos de esta villa, que hubo un pastor en la sierra que encontró una muñeca y la metió en su canasta, que al llegar a casa la muñeca ya no estaba, y que volviendo al lugar donde mismo la encontró la susodicha se hallaba. Entonces pensó el pastor, ¿Qué será lo que aquí pasa? Si antes de marchar venia conmigo, y al llegar; al llegar ella no estaba. Pues bien, no era más que un milagro…milagro acontecido a las faldas de la Sierra Norte, entre jara y romero, entre pájaros que cantan y algún que otro jilguero.
 Y si, de esto hace ya muchísimo tiempo, muchas generaciones de Loreños han escuchado esta historieta; típica historieta que pasase de abuelos a nietos. A día de hoy, somos muchos los que nos sentimos identificados con esa muñequita que apareciere no sabemos cuándo, pero que logra enamorar el corazón de todo aquel que la conoce.
¿Sabéis de quien os hablo verdad? De ella, de esa que te emociona solo con mirarla…esa que todo te lo concede…esa que te escucha en tus noches de plegarias…esa que se lleva el último suspiro de un alma cansada…esa que vive en tu pensamiento los 365 días del año…esa que es Madre de tantos hijos, y a todos por igual quiere, esa no es más que María Santísima de Setefilla.
Se acercan las fechas que el Loreño espera cada año, pronto llegaran los días de Novena…las medallas lucirán en el pecho de quienes se sienten orgullosos de llevarte en el corazón. Pronto todo serán salvas de vivas ante tus ojos, y lagrimas de emoción por un año más poder estar cerca de ti.
Y será entonces, cuando vengan recuerdos a la memoria de todos los Loreños, porque es inevitable no recordar la primera vez que te han sentido sobre sus hombros…la primera vez, que han llorado junto a tu manto…la primera vez que rezaron letanías junto a tus andas…la primera noche fría aguardando ante tus puertas…la primera vez de camino entre, junco, tomillo y romero…la primera vez… ¡Ay Setefilla! Son tantas las primeras veces que se hacen cosas para llegar a tu ermita…
Porque cada 8 de Septiembre, la sierra se viste de pañuelo blanco y boto campero, de emoción y plegaria, de alegría y anhelo, de amistad y hermanamiento, de personas que sienten lo mismo, y todos esperan a que lleguen el momento. No les importa el cansancio, ni tan siquiera lo notan…porque es esperar todo un año, y cantarte hasta con la garganta rota.
Esperar que se abran las puertas, aporrearlas y despertar al Santero, que la multitud no aguanta que el sentimiento viene en aumento…que viene clareando el día, que el sol ya esta saliendo que no hay lucero más bonito que ese que se esconde ahí adentro. Sobre sus andas de plata, entre miles de pañuelos logro ver tu cara Madre, y recuerdo el primer beso que a tus manos regalase tras sentir un cosquilleo que de honra me llenase por sentir eso que siento, al tenerte a ti delante…y mirándote a los ojos, decirte cuanto te quiero, dame tu protección otro año, lléname de ansias mi anhelo que quiero otro 8 de Septiembre, otro día de pañuelos, de medallas, de emociones, de sentimientos y recuerdos. Que quiero cantar contigo, cantar hasta quedar sin aliento…tu salve, tu himno, tus plegarias, mi consuelo…
Porque no hay nada más bonito Madre, que tocar el mismo cielo, cuando bajo tus andas yo voy, cuando más Loreño me siento, cuando no me importa que me pisen, que me achuchen…porque es tanto lo que siento, que solo con llevarte Madre, con eso me doy por satisfecho.
Que como bien dijeron otros, que quererte no es tormento, es conocer el amor, la tradición y el respeto hacia tu cara divina, de corazón verdadero, tan grande como la sierra donde cobijada te tenemos. Ya no hay palabras Madre, para explicar lo que siento… para decir que eres única, que eres Reina de los Cielos, Patrona de esta morada, donde yo alegre me siento…por ser Loreña y Cristiana, por tenerte en mi cabecero, por llevarte como espada, y tenerte en pensamientos, por no ser más que soy, por ser con orgullo Setefillana y por alzar en cada viva mi corazón a tus andas.
Y así me despido Madre, queriéndote dar las gracias, por permanecer a mi lado mientras mi mente plasmaba, en estas letras sentimientos que venían entre pañuelos, entre salvas de vivas blancas que el 8 de Septiembre postrare ante tus andas.


por Setefilla Rodríguez Martín












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