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domingo, 4 de noviembre de 2012

Carta circular del Vicario General


Fue tema central de la tertulia que en “El Espejo de Sevilla” del pasado viernes, en las ondas de la Cadena Cope, compartimos con Isabel Cuenca, Manuel Alcalde y Ernesto Holgado. Y fue noticia en los medios de comunicación sevillanos en los últimos días: la circular que el vicario general ha enviado a parroquias y hermandades acerca de las asociaciones civiles que realizan procesiones y otras actividades religiosas (la actualidad ha dado una vuelta de tuerca en la temática cofrade, pero de la dimisión del presidente del Consejo hablaremos más adelante).


Me resulta curioso que una carta circular del vicario general (escribe muchas a lo largo del año) sea tan comentada, pero ya sabemos que en Sevilla todo lo que de alguna manera se relaciona con las hermandades y cofradías es noticia. Precisamente se trata un tema que toca especialmente nuestra sensibilidad porque la Semana Santa es una de las señas de identificación de Sevilla. No sólo de su religiosidad, sino de su propia forma de ser.

Lo que ha hecho el vicario general es poner claridad donde hay confusión y hasta perplejidad. Y abrir las puertas de la Iglesia a estas asociaciones creadas al margen de la comunidad cristiana. Reconociendo las buenas acciones que muchas veces tales asociaciones llevan a cabo, lo cierto es que sin el acompañamiento pastoral de la Iglesia se corre el gran riesgo de deformar la religiosidad popular.

Por parte de las hermandades de la Archidiócesis, la mejor forma de ayudar a las asociaciones cofrades no es facilitándoles enseres procesionales, sino mostrándoles que el camino que forja a una hermandad es la participación en la vida de los sacramentos y de la Palabra de Dios, insertándose en la vida parroquial. Que no se debe “empezar la casa por el tejado”, sino que la fundación de una hermandad debe responder a una necesidad pastoral y a una inquietud por crecer como cristianos. Y a partir de ahí vienen la bendición de imágenes, la adquisición de un paso, de varas, de ciriales...

¿Y las hermandades canónicamente erigidas que no cumplen bien su misión de ser espacio para vivir el misterio de Cristo? ¿Cumplirían algunas de ellas los requisitos que les pedimos a un grupo de fieles para constituirse en hermandad? Muy probablemente, no. Pero esta es otra cuestión a la que, por cierto, dedica la Archidiócesis no poco esfuerzo.

La Iglesia de Sevilla reconoce en la religiosidad popular un instrumento de evangelización tan valioso, una forma de apostolado seglar que ha dado desde siglos tantos frutos de fe, esperanza y caridad en nuestra tierra, que por esa misma razón ha de cuidarlo y protegerlo, a través de su maternal solicitud.

Marcelino Manzano

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